En el corazón de la Puna catamarqueña, a más de 3.200 metros de altura, existe un territorio donde la vida se cuida con la misma paciencia con la que se teje un telar.

 

Laguna Blanca es mucho más que un paisaje imponente.

Es una Reserva de Biósfera reconocida por la UNESCO, un ecosistema frágil y sagrado donde la vicuña, animal ancestral de los Andes, encuentra protección, respeto y continuidad.

 

Allí vive y trabaja Mabel, cacique de la Comunidad de Laguna Blanca.

Su rol trasciende el liderazgo: custodia una forma de habitar la tierra.

 

Gobernar la tierra, no dominarla

 

Ser cacique en Laguna Blanca no es ejercer poder.

Es asumir responsabilidad.

 

Mabel representa un liderazgo construido desde el cuidado del territorio, la transmisión de saberes y la defensa de la vida comunitaria. Bajo su guía, la comunidad sostiene un modelo que equilibra producción responsable, conservación ambiental y cultura viva.

 

En esta cosmovisión, la vicuña no es un recurso.

Es un ser protegido, parte esencial del equilibrio natural.

 

La esquila se realiza de manera ética y controlada, respetando los ciclos del animal y normas comunitarias que garantizan su bienestar y la preservación de la especie.

 

 

La vicuña: la fibra más fina del mundo, con el mayor valor simbólico

 

La lana de vicuña es reconocida globalmente como la más fina y valiosa del mundo.

Pero en Laguna Blanca, su valor real no se mide en mercado, sino en significado.

 

Cada hebra concentra siglos de conocimiento ancestral, ritualidad andina y vínculo profundo con la tierra.

 

Mabel ha sido una figura clave en la defensa de este patrimonio, pensando no solo en el presente, sino en las generaciones futuras. Para su comunidad, el tejido ancestral es identidad, autonomía y dignidad, especialmente para las mujeres que sostienen esta tradición con sus manos.

 

 

Tejer es narrar una historia

 

En Laguna Blanca, tejer no es solo producir abrigo.

 

Tejer es narrar el territorio.

Es traducir la filosofía andina en trama, color y textura.

 

Los telares hablan de montañas, viento, silencio y resistencia. Cada pieza es única porque nace de manos que conocen profundamente la tierra que pisan.

 

Para Mabel, el telar es un lenguaje.

Y todo lenguaje, para perdurar, necesita ser escuchado.

 

Pachamama’s Blessed: del territorio al mundo

 

Ahí nace Pachamama’s Blessed.

 

Nuestra marca no extrae ni apropia saberes.

Acompaña, respeta y proyecta el tejido ancestral hacia el mundo.

 

Somos el puente que permite que comunidades como Laguna Blanca compartan su filosofía sin perder identidad, preservando el origen y el sentido de cada pieza.

 

A través de Pachamama’s Blessed, el trabajo de Mabel y su comunidad cruza fronteras con un mensaje claro:

 

otra forma de producir, vestir y consumir es posible.

 

Una forma basada en:

comercio justo

respeto cultural

lujo consciente

 

Más que una prenda: una conexión

 

Cada poncho tejido con lana de vicuña que ofrecemos no es solo una prenda exclusiva.

 

Es una historia viva.

Un vínculo directo entre quien lo viste y quienes lo crearon.

 

Es una alianza silenciosa entre territorios, culturas y tiempos, donde el lujo se redefine como origen, tiempo y conciencia.

 

 

Guardar lo esencial

 

Mabel sigue ahí.

Frente al telar.

Cuidando la tierra que la cuida.

Protegiendo a la vicuña.

Transmitiendo saberes que no se pierden.

 

En Pachamama’s Blessed creemos que el verdadero lujo del futuro es este:

 

conocer el origen, honrar a quienes crean y vestir con conciencia.